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dijous, 8 d’octubre del 2009

Científicos y agricultores tienen que emigrar para formarse


Sigo defendiendo que el sector primario debería ser un sector estratégico de país, tanto como la inversión en I+D (que a juzgar por los recortes no es tan estratégico como pensábamos). Me ha parecido interesante la relación entre el sector primario y el de la I+D (que no es en sí mismo un sector, lo reconozco) que ahora os expongo.


Uno de los problemas más acuciantes en el sector primario es la falta de mano de obra. Nadie quiere ser ya pastor, y los pueblos están despoblándose desde hace 50 años a un ritmo insostenible. Ante esta situación algunas empresas -que han encontrado un nicho de mercado en la dinamización de las zonas rurales- como Montanyanes presentan proyectos para formar a pastores y ganaderos. Este proyecto, Gripia, es similar a algunos de Euskadi que podéis encontrar en la web del proyecto.

Uno de las líneas de trabajo de este proyecto es la Escola de Pastors; durante un mes 25 personas aprenden teoría de pastoreo y ganadería y durante 4 meses comparten la vida con un pastor/a o granjero/a aprendiendo del día a día con la esperanza de recuperar esta profesión. Podéis ver vídeos del tema en TV3, por ejemplo éste (en catalán). En alguno de estos vídeos se comenta que los aprendices de pastor tienen que pasar 5 meses lejos de sus hogares para formarse, y aquí la relación con el mundo científico.

Los investigadores deben pasar temporadas en el extranjero (unos dos años en total) si quiere optar a plazas de interés científico en España (otra opción es la endogamia, por suerte venida a menos en los centros de investigación, no tanto en las universidades).

Tanto unos como otros tienen que formarse y para ello separarse de sus familias y adquirir experiencia internacional o intercomarcal en el caso de los pastores. La diferencia es que éstos seguramente podrán volver a sus lugares de origen y gestionar una explotación o un rebaño de ovejas, mientras que los científicos, especialmente con el recorte del zapatero, deberán pasar más tiempo o aceptar sueldos y condiciones precarias para volver.

diumenge, 27 de setembre del 2009

Visión rural de las aglomeraciones de conocimiento,



Durante veinte años viví en la ciudad de Tarragona. Agua salada en el grifo (sí, sí, de verdad), petroquímica, cuatro nucleares y sus correspondientes planes de inversión local para callar bocas, playas atiborradas... y el encanto decadente de Tarraco.

Recuerdo que uno de los comentarios recurrentes especialmente de los residentes en las comarcas al sur de la provincia era que los de Barcelona dejaban la mierda para ellos y se llevaban la energía y el dinero, con un cierto espíritu colonialista.

Cuando voy de excursión por parajes del prepirineo como La Garrotxa y el Berguedà o el Lluçanès (comarca natural sin administración, algo así como una nación con lengua e identidad pero sin estado) no puedo dejar de hacer la siguiente comparación.

En estas comarcas se vive bien en general. Los índices de paro no son demasiado elevados, hay poco tráfico entre semana con carreteras sobredimensionadas para los fines de semana, la vida es más asequible y el nivel de los servicios básicos realmente necesarios (no incluyo en este concepto el cine ni las tiendas de ropa) es similar, incluso mejor en algunos aspectos como las colas de los CAP (centros de asistencia primaria) o las escuelas rurales (atención casi individualizada).

Cuando piendo en la Gran Barcelona, con sus 4,5Mhab, sus atascos, sus ruidos, su estrés, las colas en las rondas, la suciedad en las calles, los parques infantiles artificiales, las viviendas colmena impagables, las escuelas públicas no elegibles... no puedo dejar de pensar que los de las comarcas "rurales" deben equiparar estos "centros de conocimiento masificados" a las centrales nucleares y la petroquímica de Tarragona.

Deben pensar: "pobre gente, les llenan la ciudad de mierda para que yo pueda vivir aquí tan ricamente, y encima no se quejan. Están contentos con el modelo que les ha tocado vivir y suben los fines de semana para dejarnos el dinero que ganan. Cada ciudadano con conocimiento es un átomo de la nuclear, que pasado el período de explotación del uranio pasa a engrosar las filas de material destinado al cementerio nuclear."

"Barcelona, la millor botiga del món", reza la publicidad institucional. No se les pasa por la cabeza que tal vez queremos que Barcelona sea algo más que un escaparate de Vinçon?

La imagen pertenece a Vandellòs II y es del diario público.